No os fijéis en la imagen de arriba. No tiene nada que ver nada conmigo. Yo en absoluto y bajo ninguna circunstancia tendría un cuchillo tan pequeño en la mesa. Pero es una imagen que me sirve para explicar un poco el tema de hoy.

He visto en las últimas semanas el alegre empleo de las palabras “hardcore” y “casual” para reafirmar las opiniones internetiles de los tertulianos más dispares. Y ha sido curioso descubrir dónde pone cada uno el límite y la frontera entre lo freak y lo mainstream.

Empezaré por el sector que más conozco. Las personas que forman parte o siguen hoy día el mundo del deporte electrónico, defienden que ellos son los hardcore, y básicamente todo lo que no huele a supercompetición es casual. 

Por el contrario el jugador habitual, aquel que juega por placer y amor, define al hardcore simplemente según la frecuencia con la que el muchacho se pone a jugar a un videojuego. Si coge y se pone a quemar el mismo juego de todos los días, entonces es un hardcore. Si lo hace sólo de vez en cuando simplemente por pasar un rato y sin ánimo de desbloquear cada píxel, es un casual.

Y por último está la industria. Ellos consideran hardcore a un público que consume juegos violentos o muy complejos, y casual al que normalmente compra dos o tres AAA al año y quizá alguna cosilla más de vez en cuando. Como véis, son unos tipos bastante simples.

Vemos tres puntos de vista comprensibles y respetables. Pero ahora viene la cuestión de quién tiene razón en todo este pollo.

Según mi punto de vista, ninguno. Sinceramente no veo una mínima lógica en ninguna de esas clasificaciones, y menos como para que después se utilicen los términos de forma alegre para definir, casi siempre, a los demás.

Solo puedo decir: mainstream somos todos. Si algo es lo suficientemente bueno puede alcanzar a todo el público, no importa dónde pongamos la frontera entre el “pro” y el que no lo es, ni entre el viciado y el viciadillo.

Aquí nadie ha nacido conociendo la diferencia entre el Flight Simulator y el Wii Music. Cada cual ha adquirido su opinión y visión de las cosas en función del tiempo que ha pasado en tal o cual grupo social. Y hoy día la velocidad de propagación de opiniones es, por suerte, absurdamente desproporcionada.

En resumidas cuentas y para terminar, considero inútil definir con estos términos a prácticamente ningún grupo de usuarios… y mucho menos sin conocer lo que ha pasado con la vida de cada persona desde que descubrió su primer videojuego hasta el día de hoy.

Bueno, menos al tipo de la imagen de arriba.